| 9-M: el centro está en el PP |
|
|
|
| Oficina de información - Nuestra opinión | |||
| Viernes, 14 de Marzo de 2008 17:27 | |||
|
Artículo publicado por Marino Aguilera Peñalver en Alcalá Información del sábado 14 de marzo de 2008. Ha sido habitual durante la pasada legislatura un mensaje uniforme: “El PP es la derecha extrema”. Este lema de campaña se vio acompañado en menor medida por otros que se referían al PP como el bunker de la derecha, como un partido xenófobo, homófobo, catalanófobo, machista y racista, cuyos votantes eran una “turba de imbéciles” para ciertos cómicos y cuyo candidato también era un imbécil para cierto expresidente. Nada nuevo con respecto a las elecciones de 2004, cuando Maruja Torres nos llamó “hijos de puta” desde las páginas de El País. También han seguido los ataques físicos a miembros del Partido Popular. Mensajes políticos tan precisos y claros se recogían en el manual de campaña socialista distribuido a los comités provinciales, manual que incidía en la necesidad de seguir vinculando al PP con el extremismo y de refrescar el 11-M o la guerra de Irak, tal y como siguió, lejos de cualquier originalidad, Carlos Hinojosa en su último artículo. Ante un electorado fiel como el del PP, difícil de trasvasar a posiciones socialistas, el PSOE optó por movilizar el voto útil de la izquierda, es decir, lanzó la caña al electorado situado en posiciones más extremas, renunciando así a luchar por el voto de centro. El cuerpo electoral abarcable por el socialismo es más amplio que la sábana de su mensaje, de forma que al intentar cubrir la cabeza ha dejado al aire los pies, produciéndose un trasvase de votos desde el PSOE al PP que ha tenido en Madrid y en Andalucía su mayor incidencia. Ni que decir tiene que Zapatero ha ganado en el extremo algo más de lo que ha perdido en el centro. Tanto la compensación de los diputados perdidos en autonomías como la Mancha o Andalucía como la subida de cinco escaños han llegado desde Cataluña y el País Vasco, desde partidos situados en el extremo como ERC, PNV, EA y la filial catalana de Izquierda Unida. Si un sector del electorado de Esquerra Republicana ha optado por el PSOE es porque ha percibido en Zapatero un discurso homologable al de Carod Rovira, hecho público recientemente mediante el visto bueno del candidato socialista a la penalización del industrial catalán que rotuló su negocio en castellano, consciente de que electoralmente no le convenía solidarizarse con el empresario y sí apoyar la discriminación lingüística, sacrificando la moderación y apostando ciegamente por el extremismo. Pero no nos engañemos. El apoyo catalán y vasco al PSOE, sin ser un apoyo externo, tiene acuse de recibo. Se trata de un voto prestado, de un voto en negativo y orientado de forma temporal a Zapatero para frenar a Rajoy, conseguido mediante el discurso del miedo. Si quiere mantenerlo, Zapatero tendrá que radicalizar su discurso y acceder a ciertas pretensiones nacionalistas internas al margen de los futuros pactos de gobierno. Por lo pronto el PSOE de Andalucía ha dejado de ser granero y clave del triunfo socialista, papel que a partir del 9 de marzo desempeña el Partido Socialista de Catalunya, y Montilla ya está haciendo prevalecer su peso dentro del gobierno como si de un socio más se tratase, algo que nunca ha logrado Chaves. En Andalucía las elecciones han evidenciado el desgaste de Manuel Chaves como presidente la Junta a pesar de revalidar la mayoría absoluta. No sólo se demuestra con la pérdida de cinco parlamentarios que han ido a parar directamente al PP, también con el diferente trato electoral que ha recibido el PSOE de Andalucía con respecto al nacional. Por primera vez el PSOE recibe menos apoyo a nivel autonómico que estatal, lo que indica que cierto sector de votantes socialistas desconfía de Chaves y ha apostado por el cambio que representa Arenas. De nuevo el voto de centro explica la bajada de unos y la subida de otros, y como si de una brújula política se tratase, el centro apunta hacia la virtud cardinal de la moderación, encarnada como nadie por Javier Arenas. Arenas ha logrado los mejores resultados del Partido Popular en Andalucía al recoger también el voto andalucista, que entra dentro de los cánones centristas puesto que llega desde la izquierda. Su teoría sobre la efectividad de la micropolítica en el marzo andaluz ha quedado plenamente refrendada ya que su avance se debe, en buena medida y teniendo en cuenta el apagón mediático de Canal Sur y de los medios controlados por el régimen, a los cuatro años que ha pasado pateándose Andalucía pueblo a pueblo. Ojo a la acentuación de la bipolaridad territorial andaluza en términos electorales. El PSOE sigue financiando su poder en las zonas interiores y continúa su paulatino descenso en las capitales y en la costa, mientras que el PP aumenta su respaldo en estas últimas plazas y logra subir levemente en el interior. Indica una tendencia que parece ser irreversible mientras el PP continúe desarrollando el trabajo iniciado por Arenas. Así, el Partido Popular ha vencido de forma aplastante en el conjunto de ciudades andaluzas de más de 50.000 habitantes, aumentando a 30 puntos su ventaja con respecto al PSOE. Las provincias de Almería y de Málaga, las más dinámicas de Andalucía, son populares, mientras que el resto se mantienen en rojo aunque el PP recorta distancias. Curiosamente el Partido Popular vence y convence en los núcleos más avanzados e industrializados de Andalucía, capitales y zonas costeras que sostienen el crecimiento regional a base de unos índices de productividad y de empleo a años luz de los de Alcalá, por citar el ejemplo más cercano. Esto nos lleva a pensar que la falta de desarrollo de Andalucía, que nos ha situado los últimos en todo excepto en clientelismo, y a pesar de los 26 billones de las antiguas pesetas recibidos de la Unión Europea, no responde a ciertas discriminaciones ni distancias insalvables como el PSOE vende y sí a una estrategia política y electoral planeada y en parte lograda por el régimen socialista: el subdesarrollo como negocio. Vean lo que suele pasar cuando un núcleo andaluz se desarrolla y se acerca a los parámetros económicos nacionales y europeos: automáticamente el PSOE pierde votos. Dicen que el centro es una quimera compuesta por dos millones de ciudadanos con la virtuosa capacidad de poder variar su voto hacia PP o PSOE. Hay otro centro, el residente en un partido, difícil de cuantificar. El mensaje de Zapatero y de Chaves ha tratado de impregnar al PP de radicalidad, consiguiendo así dar entrada a sectores extremistas en el electorado del PSOE sobre los que se sustenta la victoria. Más allá de victorias y de derrotas los resultados del 9 de marzo demuestran que no llevaban razón y confirman que el centro, por naturaleza y por historia, reside en el Partido Popular. Marino Aguilera Peñalver,
|







Un análisis de los resultados electorales del 9 de marzo







